El obispo de León, Julián López Martín, inauguraba en la tarde-noche del pasado 25 de noviembre el plan de formación cofrade «Sin perder el paso» 2019/2020 que organiza la cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza de la capital.

El prelado legionense se refirió a la ‘piedad popular’ –así denominó san Pablo VI a la hasta entonces llamada ‘religiosidad popular’ para resaltar su dimensión cristiana– y a la ‘liturgia oficial’, remarcando que «no hay oposición entre estos dos modos de celebrar y de vivir la Semana Santa»; sino que, antes al contrario, se complementan.

Y apuntó que la piedad popular –que es «más espontánea y, si cabe, más íntima que la ‘liturgia oficial’; y que tiene una capacidad mayor de llegar al fondo de las personas»– «tiene su natural culminación en la celebración litúrgica». «La fe que celebramos en el interior de la iglesia participando en la eucaristía es la misma fe –‘adobada’, si se quiere, con el sentimiento religioso, con la memoria familiar o personal– que cuando se procesiona por las calles. El misterio de la fe que se revive en la iglesia se actualiza también en las procesiones, en las imágenes, en los pasos de Semana Santa».

La Iglesia valora los fines y actividades de las cofradías, a las que pide que procuren integrarse de manera efectiva en la vida parroquial y diocesana, indicaba López Martín, quien animaba a su vez a los cofrades a participar «en toda convocatoria diocesana».

El obispo finalizó su intervención recordando las palabras de san Juan Pablo II, allá por el año 1988, en su carta apostólica Vicesimus quintus annus con motivo del vigésimo quinto aniversario de la publicación de la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia.

Al abordar en ella «el futuro de la renovación», se refería a la «piedad popular y liturgia» (n. 18): «Finalmente, para salvaguardar la reforma y asegurar el fomento de la Liturgia, hay que tener en cuenta la piedad popular cristiana y su relación con la vida litúrgica. Esta piedad popular no puede ser ignorada ni tratada con indiferencia o desprecio, pues es rica en valores y expresa de por sí la actividad religiosa ante Dios; pero tiene necesidad de ser evangelizada continuamente, para que la fe que expresa llegue a ser un acto cada vez más maduro y auténtico. Tanto los actos piadosos del pueblo cristiano, como otras formas de devoción, son acogidos y aconsejados mientras no suplanten y no se mezclen con las celebraciones litúrgicas. Una pastoral litúrgica auténtica sabrá apoyarse en las riquezas de la piedad popular, purificarlas y orientarlas hacia la liturgia como contribución de los pueblos».

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